La noche es larga

La lluvia cae esta noche. Tal vez es de las noches más largas que he tenido.

Nunca he tenido problemas con esperar. La paciencia se me ha dado a través del tiempo de una manera pasiva. Ha costado, ha dolido, pero se ha dado. No me gusta, pero siempre trae una recompensa. Esta noche espero no sea una excepción.

La lluvia sigue cayendo. No es fuerte, es constante y los minutos duran tres veces más de lo que deberían. Es una noche larga.

Pasan tantas cosas por mi cabeza.

Yo viendo a la nada, yo sintiendo todo. Quiero sentir de nuevo ese abrazo, esa mano, esa mirada. Quiero sentir no porque lo haya olvidado, quiero sentir porque sos vos, porque sos quien ha estado ahí cuando nunca te necesité y cuando nunca te busqué. Sos vos quien ha estado cuando nunca debió estar. Sos vos que no está hoy y quiero que estes.

La lluvia sigue. Juega en mi cabeza como pensamientos, como recuerdos y como sueños. La noche sigue larga.

Existen relatos que espero sirvan para traer recuerdos. Para que te hagan soñar. Para que no te hagan olvidar. No sé que recuerdos podrán traer a tu cabeza, a tu vida, pero espero que si no son para vos, se los traigan a alguien más y que a la vez, lo unan a algo o alguien, así como vos me uniste a la felicidad. Como la felicidad me unió a vos.

La lluvia sigue. La noche no acaba.

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¿Llegaste?

Un penúltimo relato.

En una habitación oscura y sola me acompañás… no estás presente, no físicamente al menos. Acá estas.

Nunca había hecho esto. Hoy sí. ¿Qué hice? Mientras esperaba noticias tuyas te pensé para sentirte. A pesar de estar en un cuarto sin nadie, tendido viendo el techo y aunque no se ve nada, cerré los ojos para sentirte acá, conmigo.

Al inicio me sentí más solo, pero luego apareciste. Con esa sonrisa que hace que todos brillemos.

El cuarto dejó de estar vacío para estar lleno de vos. ¿Por qué esta noche? ¿Por qué hoy? Porque no tengo tu mano cerca para que me tome mi brazo. Porque ya no quiero contar solo, porque un momento así es para estar con vos.

Llegaste.

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La búsqueda y el gesto

No sabía que buscar… no entendía que buscaba. Tal vez era solo esa sensación de vacío que muchas veces tenemos. En todo ese tiempo que busqué, no encontré más que caras sin nombres, gestos con otras intenciones y no algo que me llenara.

Era una sensación extraña. Esa sensación como cuando escucho música en otro idioma y, aunque no la entienda, hace que me sienta cómodo, que me eriza la piel. Es ese momento en que no entendés lo que te pasa, pero lo disfrutás. Esa era la búsqueda… pero que por más que lo hacía, no lo encontraba.

Se escucha siempre. Las personas te lo dicen: no busqués que así no lo encontrás. Disfrutá y aunque no lo entendás, disfrutá.

Un día, sin darme cuenta, ya no buscaba. No era que iba por la vida sin nada que valiera la pena, pero ya la búsqueda no era una obsesión, y siendo sincero, nunca lo fue.

Esta historia no es para decir que cuando no busqué apareció, porque así es y es un final obvio. No. La historia es para decir que cada vez que recibo un gesto inesperado, confirmo que apareció y me llena.

Sí. Apareció.

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Cuando no coincidimos

Es imposible que todo el tiempo estemos en el mismo espacio. Es posible que si estemos en el mismo tiempo.

Cuando pienso acerca de todo esto, siento que el tiempo es solo algo que nos tiene atrapados como una foto. La vida sigue y nosotros estamos ahí congelados, viéndonos, como aquella primera vez… como todas las otras veces luego de esa.

Sin embargo, el espacio se hace muy vacío cuando no estamos al lado, al frente o detrás del otro. Es frío y solo… grande y sin sentido. El espacio es como un recordatorio de que todo se debe decir. Hablar desde nuestro interior para que el tiempo nos acerque, juegue con nosotros y nos una, como cuando no lo esperábamos. Como ahora. Siento que nuestros sueños nos llamaron sin darnos cuenta, solo porque lo sentíamos.

No coincidimos por mucho tiempo y muchos espacios. Hoy sí. Aunque no estamos en el mismo espacio, estamos en el mismo tiempo. Nos damos cuenta que hemos estado en otros tiempos, en otros espacios y que el tiempo de hoy, nos ha dado la oportunidad de sonreír desde adentro, desde donde somos nosotros.

El espacio es lindo y cálido a tu lado. El tiempo es el que nos puso en el momento correcto.

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¿Es posible?

– Sí

– Yo también lo creo

– También yo…!

Los dos primeros en hablar fueron Razón y Confianza. Estos volvieron a ver asombrados a Pesimismo. Él nunca estaba de acuerdo con ellos. De hecho, con nadie. Ni con él.

Razón no pudo mantenerse en silencio como Confianza… y preguntó:

– ¿Qué han hecho contigo?

A lo que Pesimismo dijo:

– ¡Todo! Conmigo han hecho de todo. Siempre me llaman y yo les doy la dosis que puede funcionar en dos vías: o dejan todo botado o luchan contra mi para lograrlo. Así que conmigo han hecho de todo.

Confianza dijo:

– Pero… ¿y ahora? ¿Por qué estás de acuerdo?

Pesimismo respondió:

– ¿Cómo no estarlo? ¿No los ven? Separados a kilómetros y es como si estuvieran juntos. Sueñan juntos, respiran juntos… ni yo puedo darles una dosis de nada… ya lo he hecho… a ambos… juntos y separados… y nada… primero me piensan unos segundos y luego… ya no les importo… ¿creen que no lo he intentado? Sueños, miradas, mensajes… en todo lado… de todas maneras y ahí están… reviviendo el pasado, disfrutando el presente y sintiendo el futuro. Ahí no tengo nada que hacer. Uds ganaron: sí pueden enamorarse más.

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La luna y su sonrisa

Era no muy tarde y ya no contaba.

No porque no quisiera contar, sino porque no quería hacerlo solo, pero así estaba. Bueno, solamente lo estaba físicamente porque sabía que en su alma estaba acompañado.

Vio la luna por unas horas. Esa luna que le encantaba, la que se ve como el gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas. No quería verla sola. Quería decirle a qué le recordaba ese figura, reírse acompañado de esa idea tonta, esa idea gansa. La luna le sonreía. Se preguntaba si ella la estaba viendo en ese instante.

Fue a dormir. Cerró sus ojos para no seguir solo. Sabe que cuando duerme nunca está solo.

Abre los ojos.

No recuerda que soñaba pero sí que lo despertó. Su perro aullaba a la luna. Lo hizo abrir los ojos porque, su perro, no quería que estuviera triste. Cuando iba a verlo, ya un poco más vestido por el frío, vio que había un mensaje que le dibujó una sonrisa. No estaba solo.

Su perro dejó de aullar. La luna siguió sonriendo.

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Uno

– Dos, tres, cuatro, cinco, seis…

– ¿Has pensado a dónde vamos a parar?

– …diez, once, doce, trece…

– Siento que no… no vamos a parar… no vamos a ningún lado… ¡Vamos a todos lados!

– … dieciocho, diecinueve, veinte… no me molesta y ¿a vos?… veintiuno, veintidos, veintitrés…

– No… bueno… puede ser…

– veintisiete… veinti…ocho… ¿cómo?… veintinueve…

– Sí… puede ser que me moleste… si solo navegamos y no disfrutamos el viaje…

– treinta y cuatro, treinta y cinco, treinta y seis, treinta y siete…

– Debemos detenernos… mirarnos… no dejarnos de ver… sentir la sonrisa del otro en nuestros ojos… sí… ahí dentro también…

– cuarenta y dos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro…

– Porque ¿qué sería de esta vida sino disfrutamos el viaje?, aunque no tengamos un rumbo… vos sabés… vos lo sentís… debemos ver las estrellas… vamos a todos lados…

– cincuenta y tres, cincuenta y cuatro, cincuenta y cinco… sí… como lo hacemos en este momento… ¡ups! Me perdí… volvamos a empezar con las estrellas…

– (los dos) Uno, dos, tres…

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