No pude olvidarte

Era un paisaje grande. Una especie de valle, de esos que viven en los sueños. Verde, con flores blancas, cielo celeste. Ese celeste que no podés olvidar. No era medio día. Eso me decía el sol con su brillo, calor y posición. ¿Nubes? Sí. Es curioso porque es el primer sueño donde las recuerdo moverse. No lento. No rápido. Iban en la misma dirección, con el viento.

El viento sonaba. Daba esa música que susurra. No se oían animales, insectos. Solo el viento jugando con el sol, las nubes y las flores. De vez en cuando, el silencio salía para jugar con ellos, mas era minucioso con su tiempo.

Estava de pie. Apreciaba todo. Sentía como que me habían puesto ahí. No sabía como había llegado, pero ahí estaba. “No es tu primera vez acá”, me dijo mi corazón. El lugar ya se me hacía conocido pero a la vez lo sentía extraño, un poco nuevo. “No es tu primera vez acá” volvió a decir mi corazón.

Giraba sobre mi eje. Recordándolo. Apreciándolo.

En unos de mis giros te encontré frente a mi. No me sobresalté, pero sí mi corazón. Sonreías. “Es la primera vez que no estás solo acá” dijo mi corazón. Te devolví la sonrisa. Brillabas. El viento jugaba con tu cabello, olvidó al sol, las flores y las nubes. Te prefirió a vos. Mi mano quiso jugar también, así que te lo acomodé a un lado y seguido acaricié tu mejilla. Me diste un beso en la mejilla. Lento, cálido, con mucho amor. Como aquel.

“Vamos”, dijiste. Me tomaste de la mano luego de que nos vimos por un rato directo a los ojos. Te seguí. Caminamos mano a mano. Uno al lado del otro. Ninguno se adelantaba. De vez en cuando nos mirábamos. Sonreíamos. No decíamos nada. Nuestros ojos lo decían todo.

¿Cómo llegamos a un sendero repleto de árboles a cada lado? Caminando y dejando que nuestro instinto nos guiara. Caminamos entre ellos y veíamos hacia abajo. La luz del sol y la sombra de las hojas de los árboles se movían como en un baile.

“Su movimiento me recuerda la primera vez que bailamos”, dijiste. Rompiste el silencio con esa frase pero volvió a unirse al termino de la misma. Me abrazaste. Te abracé. Empezaste a tararear y yo a bailar con vos. Nos vimos a los ojos y al unísono dijimos “te amo”.

Abrí los ojos. El reloj no marcaba la media noche.

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