Babosín, el caracol que recorrió su mundo.

Cap. 3
1 de enero.

La memoria de Babosín era buena, lo que a veces le daba problemas o tristezas.

Las fechas, en especial, siempre le iban traían recuerdos, momentos, abrazos y otros. No las fechas comunes como cumpleaños, nacimientos, navidades o muertes. Su memoria coleccionaba las más extrañas y tontas fechas. Un ejemplo fue un jueves 15 de junio de 1989 cuando antes de cumplir 10 años fue seleccionado para dar un poema en honor al día del árbol. Sus ensayos tenían hartos a todos en su casa, se lo sabía había aprendido desde el día uno a dos semanas del evento.

¿Por qué habría de olvidarlo? Cuando iba a la mitad, frente a toda una escuela se le olvidó y lo único que alcanzó a decir fue un “se me olvidó” con el micrófono abierto. Todos rieron, él no en el momento… porque lo que hizo fue traer la parte olvidada de nuevo y terminó de decirlo. Hoy se ríe. Ayer no. Hoy no importa. Ayer sí.

Dentro de las fechas especiales para todos, las que nunca han sido importantes para él, guarda una en especial: un 1 de enero. El año no viene al caso. Al menos para vos que leés esto.

Esa fecha fue uno de los días más largos que ha vivido Babosín. El año antes que vivió antes de esta fecha estuvo lleno de cosas que por un lado lo hicieron un caracol más adulto, más niño y más joven. Pasó de soñar a hacer. De querer a tener. De querer a dar.

Ese día fue hermoso. Parecía, irónicamente, el inicio de un año, de una nueva vida: el sol brillaba, pocas nubes y la caminata al lado de alguien importante. Una caminata de despedida, la caminata más larga y lenta de toda su vida. La caminata que cambió todo y nada a la vez. La caminata en el centro, el parque. La caminata dentro de su alma.

Este día Babosín aprendió dos cosas:
La primera que el inicio de un año puede ser el fin de una vida, de un sueño, de una caminata.
La segunda que un momento así puede llevarte a tomar decisiones apresuradas cuando la vida tiene su ritmo y no se debe interferir en ella.

Ese año fue diferente. No fue nada de lo que imaginó. No se cumplieron sus metas, propósitos y objetivos. Se cumplieron, sí. Mas el niño dentro de él tuvo que estar dormido parte de ese año, lo que hizo que la diversión no viniera, que las desiciones fueran de adultos cuando no debían serlo y, sobre todo, que todo se tomara en serio.

Ese fue el 1 de enero. El día que corrió más lento y que lo llevó a tomar decisiones apresuradas.

Si bien no se arrepiente de lo que hizo, porque no hay manera de cambiarlo, daría lo que fuera por devolverse en el tiempo y vivir de nuevo ese 1 de enero.

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Acerca de LaCabezadelJinete

Thought that I was a devil? But I'm an angel waiting for my wings.
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