El color de una lágrima

Todo depende del lugar, la ocasión o el momento.

En un campo verde, rodeado de personas que no hablan, las lágrimas pueden ser color de melancolía. Mientras leés un cuento o cantás una vieja canción francesa podés ver ese color, podés sentirlo y vivirlo.

Si la ocasión es conocer la vida de otra persona, alguien quien realmente te importa, las lágrimas serán al inicio color tristeza, luego pasarán a ser melancolía y luego a felicidad. Sí, la felicidad de poder haber dicho tanto… tal vez sin detalles, esos no importan. Lo que importa es la felicidad luego de contar tanto y que quedaron en un pañuelo. Aunque esta parte no es personal, y hablo del color de otras lágrimas, las mías  fueron color silencio. Su color fue tan fuerte que ni siquiera se mostraron. No podían. Ellas solo estaban para escuchar, para ser apoyo de lo que sentían.

Los momentos se vienen sin que uno lo espere. Puede que existiera una advertencia que se venía uno… puede que te adelanten de que se trata, que vas a ver… pero es hasta que lo vivís que lo sentís. Es en ese momento que nacen lágrimas de otro color.

Si el lugar, la ocasión y el momento se juntan, al lado de un regalo, las lágrimas son color amor. ¿Por qué? Indagar en alguien, tomar el tiempo, el deseo de otra persona por algo que no tuvo cuando lo quiso y darlo en un lugar inesperado, en una ocasión importante hacen que del momento solo broten lágrimas color amor.

Tal vez las vistes, tal vez no, pero sé que las sentistes.

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